En el corazón del Valle de Punilla, La Cumbre conserva intacto el encanto que la convirtió en destino turístico desde hace más de un siglo. Su historia está marcada por la llegada de inmigrantes ingleses junto con el ferrocarril, quienes le dieron un estilo particular que aún hoy puede sentirse en sus calles, en sus tradiciones y hasta en su inconfundible "té a las cinco".
Tradición y deportes
El golf fue el deporte que le dio identidad durante casi ocho décadas, con un club que es referencia nacional. Con el tiempo, La Cumbre sumó nuevas actividades que atrajeron a los amantes de la adrenalina: aladeltismo, parapente, montañismo y senderismo en un marco natural de valles y sierras.
Un paseo por arte y artesanías
Recorrer La Cumbre es también sumergirse en un universo de creatividad. El Camino de los Artesanos, que enlaza poblaciones vecinas hacia el sur, ofrece talleres donde se producen piezas en madera, cuero, bijouterie, tejidos y más.
Hacia el norte, en localidades como Cruz Chica, Cruz Grande, Los Cocos, San Esteban y Capilla del Monte, artistas plásticos, pintores y ceramistas abren sus talleres al público, conformando un circuito cultural único en la provincia.
Naturaleza y serenidad
Cada rincón de La Cumbre es un remanso de paz. Sus paisajes serranos invitan a caminar entre aromas de lavanda, escuchar el canto de las calandrias o disfrutar de una cabalgata en la calma de la siesta otoñal. El entorno transmite una sensación de bucolismo que explica por qué tantos viajeros y residentes eligieron este lugar como refugio de vida.
Estilo inglés en las sierras
La influencia británica se percibe en las costumbres y la arquitectura, pero también en las experiencias cotidianas: la ceremonia del té a las cinco es un clásico infaltable en la ciudad, que combina el espíritu de aventura serrana con un toque de elegancia y tradición.
