Al pie del Cerro Piltriquitrón y a orillas del río Quemquemtreu, se abre un valle glaciar de belleza singular: El Bolsón. Rodeado de montañas y bosques, este destino de la Patagonia se distingue por su microclima particular, su energía única y una atmósfera que combina paz, aventura y cultura en partes iguales.
Un espíritu que perdura
Desde la década del 60, El Bolsón fue punto de encuentro para viajeros y aventureros que, atraídos por sus paisajes y su estilo de vida alternativo, decidieron quedarse. El movimiento hippie dejó huellas profundas en la identidad del lugar, que hoy se refleja en su actividad cultural, sus ferias de artesanías y su espíritu comunitario.
Actividades todo el año
El Bolsón invita a disfrutar de la naturaleza en cualquier estación. Trekking por senderos de montaña, recorridos en bicicleta, cabalgatas, rafting o simplemente contemplar los lagos y bosques son opciones para todos los gustos. En invierno, los cerros se tiñen de blanco y ofrecen un marco perfecto para deportes de nieve.
Sabores patagónicos y lúpulo
La gastronomía local es otro de los grandes atractivos: platos típicos patagónicos elaborados con productos regionales, dulces artesanales y cervezas únicas gracias a la especialidad productiva de la zona: el cultivo de lúpulo. En las chacras de los lugareños se pueden conocer las plantaciones de esta planta, fundamental en la elaboración cervecera, y degustar variedades locales que reflejan la identidad del valle.
Cultura y buena onda
El Bolsón es también sinónimo de arte y cultura. Sus ferias, talleres, espectáculos y murales mantienen viva una tradición creativa que refuerza la sensación de estar en un lugar especial, donde la naturaleza y la expresión artística conviven en armonía.
